a quienes viven felices,
observo con claridad.
Y a quienes comen perdices,
cuando les llega el final.
Les observo atentamente:
uno habla, otro atiende.
Luego callan, de repente.
Y se miran a los ojos...
Y se acercan lentamente...
No les dejo de observar
... y sus rostros sonrientes
se sumergen finalmente
en un beso inevitable,
de pasión inagotable,
de emoción adolescente,
de pureza inalcansable,...
en un beso interminable.
Yo aun observo embelesado.
Y después me miro... a mi,
y a mi ser abandonado.
Porque al fin y al cabo yo...
yo...
yo tan sólo he observado...
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