Niño: Guau, guau -grita dando saltos en su cochecito y agitando los brazos al ver un perro- Guau, guau, guau, guau.
Padre: ¡Sí, sí, es un guau, guau! ¡Tienes que estarte quietecito en el coche! -le calma el padre.
Tras repetir este episodio unas doscientas veces, el niño ve pasar un perro y ni se inmuta. Y un elefante. Y un hipopótamo. Y a medida que el tiempo pasa, el mundo se convierte para él en algo habitual.
"¡Una pena digo yo!"
Inspirado en 'El mundo de Sofía'
Sí, bestial
ResponderEliminarEso es lo que le pasa a esta sociedad, que se ha convertido en una cicatriz emocional. De tanto pasarnos imágenes más brutales cada vez en los noticiarios, ha llegado un momento en que las miramos sin inmutarnos... durante la cena.
ResponderEliminarY luego nos vamos a dormir a pierna suelta.
¡Mira, Papá! Un guau-guau y un señor despanzurrado, y un terremoto, y un atentado... ¡Anda, cuanta sangre!... ¿me pasas el pan?
Sorprendente capacidad para habituarnos al mundo insano, rara especie la nuestra
ResponderEliminarSaludos
Nos crian para aburrirnos y pensar que la vida es poco.
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